Quedara en nuestra mente acordes

Los defensores de la criogenia, como Carl, hacen varias suposiciones filosóficas sobre la mente humana. En primer lugar, suponen que serán las mismas personas cuando sus cuerpos sean reanimados, quizás dentro de varios cientos de años, y que sus identidades permanecerán intactas a través de estas extrañas actividades. También suponen que, una vez muertos, sus mentes no serán arrastradas permanentemente al más allá, para no reunirse nunca con sus cuerpos.

Y lo que es más importante, suponen que su conciencia está integrada en la actividad física del cerebro, y no en la sustancia espiritual. La identidad personal única de Carl, sus recuerdos y características de comportamiento, están presumiblemente almacenados en la estructura de su cerebro. Estos son algunos de los problemas centrales de la filosofía de la mente, que exploraremos en este capítulo.

Estos problemas son «fáciles» en el sentido de que pueden abordarse con los métodos habituales de la investigación científica. Por ejemplo, la diferencia entre estar despierto y dormido puede estudiarse comparando escáneres cerebrales de personas en ambos estados. Lo mismo ocurre con la concentración de la atención.

Sin embargo, el problema difícil de la conciencia es explicar cómo es que tenemos experiencias mentales conscientes para empezar. Experimentamos colores como el azul cuando miramos al cielo, experimentamos sonidos musicales procedentes de instrumentos, experimentamos la fragancia de una rosa. Hay una luz de conciencia que se enciende en nuestras mentes cuando tenemos estas experiencias, y los filósofos a veces llaman a estos casos de experiencia consciente qualia.

El grueso de este capítulo se centra en el duro proceso de la conciencia, y en esta sección examinaremos nuestras fuentes de conocimiento sobre la conciencia y sus principales características. Desde el punto de vista actual, las teorías sociolingüísticas destacan correctamente la comunicación y el juego como fuentes importantes de la conciencia humana. Las más elaboradas también subrayan su naturaleza prospectiva haciendo que el comportamiento consciente sea «libre» en el sentido de no estar determinado por el pasado.

Sin embargo, todos estos puntos de vista, tradicionales y contemporáneos, de orientación filosófica o biológica, pasan completamente por alto la naturaleza instrumental del comportamiento humano. Muchos de ellos hablan de herramientas; por ejemplo, consideran las palabras como herramientas, las teorías científicas como herramientas, etc. Pero, además, nuestra conciencia se basa simplemente en herramientas, que no son palabras, ni teorías, sólo herramientas.

Utilizándolas, o bien alcanzamos nuestro objetivo si captamos correctamente la relación objetiva entre los elementos del entorno y sus propiedades, o bien no lo hacemos si nuestras concepciones son erróneas. Así, los resultados del uso de las herramientas ponen a prueba continuamente la validez de nuestros juegos simbólicos. «Por sus frutos los reconoceréis «Biblia: Mt. 7, 16.

Esta fruta es el plátano, que los simios de Köhler de 1926 alcanzaron utilizando palos y cajas. Si sus conceptos de palos y cajas eran verdaderos, alcanzaban el plátano, pero cuando eran falsos, se quedaban con hambre. Del mismo modo, el filósofo Colin McGinn ha argumentado en una serie de libros y artículos que todas las mentes sufren de «cierre cognitivo» con respecto a ciertos problemas.

Al igual que los perros o los gatos nunca entenderán los números primos, los cerebros humanos deben estar cerrados a algunas de las maravillas del mundo. McGinn sospecha que la razón por la que enigmas filosóficos como el problema mente/cuerpo -cómo los procesos físicos de nuestro cerebro dan lugar a la conciencia- resultan intratables es que sus verdaderas soluciones son sencillamente inaccesibles para la mente humana. Si McGinn tiene razón en que nuestros cerebros simplemente no están equipados para resolver ciertos problemas, no tiene sentido ni siquiera intentarlo, ya que seguirán desconcertándonos.

El propio McGinn está convencido de que existe, de hecho, una solución perfectamente natural al problema mente-cuerpo, pero que los cerebros humanos nunca la encontrarán. En muchas circunstancias, la conexión social es en realidad más útil para la vida diaria que la comprensión de la verdad de un hecho o una idea concreta. El psicólogo de Harvard Steven Pinker lo expresó así: «La gente es abrazada o condenada según sus creencias, por lo que una función de la mente puede ser sostener creencias que aporten al poseedor de la creencia el mayor número de aliados, protectores o discípulos, en lugar de creencias que tengan más probabilidades de ser verdad».

2 No siempre creemos cosas porque sean correctas. A veces creemos cosas porque nos hacen quedar bien con las personas que nos importan. Las discusiones más acaloradas suelen producirse entre personas situadas en extremos opuestos del espectro, pero el aprendizaje más frecuente se produce entre personas cercanas.

Cuanto más cerca estés de alguien, más probable será que la o las creencias que no compartes se contagien a tu propia mente y den forma a tu pensamiento. Cuanto más alejada esté una idea de tu posición actual, más probable será que la rechaces de plano. Cuando se trata de cambiar la mentalidad de la gente, es muy difícil saltar de un lado a otro.

No se puede saltar por el espectro. Hay que deslizarse por él. Cualquier