La cara oculta de la modernidad

En otras palabras, los proyectos cosmopolitas, aunque con diferencias significativas, han estado en funcionamiento durante ambos momentos de la modernidad. El primero fue un proyecto religioso; el segundo, secular. Sin embargo, ambos estaban vinculados a la colonialidad y a la aparición del mundo moderno/colonial.

La colonialidad, en otras palabras, es la cara oculta de la modernidad y su propia condición de posibilidad. La colonización de las Américas en los siglos XVI y XVII, y de África y Asia en el XIX y principios del XX, consolidó una idea de Occidente: una imagen geopolítica que exhibe un movimiento cronológico. De esta imagen surgen tres macronarraciones superpuestas.

En la primera narrativa, Occidente se origina temporalmente en Grecia y se desplaza hacia el noroeste del Mediterráneo hasta el Atlántico Norte. En la segunda narrativa, Occidente se define por el mundo moderno que se originó con el Renacimiento y con la expansión del capitalismo a través del circuito comercial atlántico. En la tercera narrativa, la modernidad occidental se localiza en el norte de Europa, donde lleva la marca distintiva de la Ilustración y la Revolución Francesa.

Mientras que la primera narrativa hace hincapié en el marcador geográfico Occidente como palabra clave de su formación ideológica, la segunda y la tercera vinculan más fuertemente a Occidente con la modernidad. La colonialidad como vertiente constitutiva de la modernidad surge de estas dos últimas narrativas, que, en consecuencia, vinculan el cosmopolitismo intrínsecamente a la colonialidad. Con esto no quiero decir que sea impropio concebir y analizar los proyectos cosmopolitas más allá de estos parámetros, como hace Sheldon Pollock en este número de Cultura Pública.

Lo que digo es que voy a analizar los proyectos cosmopolitas en el ámbito del mundo moderno/colonial, es decir, situado cronológicamente en el siglo XVI y espacialmente en el noroeste del Mediterráneo y el Atlántico Norte. Si bien es posible imaginar una historia que, como la de Hegel, comience con el origen de la humanidad, también es posible contar historias con diferentes comienzos, lo que no es menos arbitrario que proclamar el comienzo con el origen de la humanidad o de la civilización occidental. El punto crucial no es cuándo se sitúa el comienzo, sino por qué y desde dónde.

Es decir: ¿Cuáles son las formaciones geohistóricas e ideológicas que configuran el marco de dicha macronarrativa? Narrativas de… 28Mi material empírico consiste en una entrevista con un dirigente de la organización no gubernamental y en la descripción de cuatro proyectos juveniles en Mozambique.

Utilicé el programa MAXQDA para codificar y registrar sistemáticamente los fragmentos que se ajustaban a mi marco analítico. Este consistía en dos códigos básicos: en primer lugar, lo que yo llamo la verdad de la modernidad y, en segundo lugar, la invención y el origen. Partiendo de la etnometodología, como se ha indicado en el apartado anterior, me interesaba encontrar instancias de modernidad en el discurso de la organización.

En otras palabras, la modernidad se manifiesta en los fenómenos sociales de forma accesible para los científicos sociales. La verdad de la modernidad se refiere a la forma en que las categorías sociales se definen de acuerdo con la visión del mundo que subyace a la modernidad. En el caso del trabajo de la organización no gubernamental, deseo revelar esta verdad a lo largo de cuatro dimensiones, a saber: a objetos, b nociones, c técnicas y d sujetos.

Estas dimensiones buscan la variación en la forma en que la juventud como categoría social se identifica como objeto del trabajo de la organización, los tipos de nociones que se asocian a ella, las prácticas que se despliegan en relación con ella y, finalmente, lo que se cree que la categoría piensa sobre sí misma. En cuanto a la invención y el origen, se buscará la variación a lo largo de dos dimensiones, a poder y b conocimiento. En estas dimensiones subyace la suposición de que existe una economía política del trabajo con los jóvenes que no se limita a perseguir determinados objetivos de desarrollo, sino que también disciplina a los individuos y a las comunidades.

Al buscar instancias de poder y conocimiento, espero hacer aflorar esta economía política. 2.3 El uso del término «visibilidad» señala la estrecha relación que existe entre los medios materiales de opresión y la discriminación epistémica, la violencia. Propongo abordar el compuesto modernidad/colonialidad y su producción social del olvido[3] a través de la cuestión del tiempo.

A través de la crítica del tiempo moderno vemos cómo la modernidad y, por lo tanto, la colonialidad significa la imposición de un tiempo que desestima el pasado, convierte el futuro en la teleología del progreso y sostiene que el presente es el único sitio de lo real. Bajo la luz de la crítica del tiempo, el compuesto modernidad/colonialidad muestra su doble cara. Por un lado tenemos la hegemonía sobre la visibilidad en el espectáculo de la modernidad, la fantasmagoría de la modernidad, y por otro, tenemos las estrategias de invisibilidad de la colonialidad, que imponen el olvido y el silencio y borran el pasado como s