Frases de desayuno con diamantes

Dado que «Desayuno con diamantes» trata de una joven que se mantiene en contacto con la élite de la ciudad de Nueva York, Capote analiza la relación entre la riqueza, el estatus social y la felicidad en general. Más concretamente, queda claro que Holly adora la idea de la riqueza y el prestigio, como demuestra el hecho de que acuda a Tiffany’s -una joyería famosa por sus diamantes- cuando se siente deprimida, ya que la tienda le proporciona una sensación de tranquilidad. Es más, Holly afirma que mirar dentro de Tiffany’s la hace sentir como si nada malo fuera a suceder, un sentimiento que subraya el efecto transformador que la mera idea de la riqueza tiene en toda su disposición.

Esto tiene sentido, teniendo en cuenta que originalmente llegó a Nueva York después de haber experimentado una auténtica pobreza. Además, Holly huyó de Doc Golightly, que la acogió cuando era huérfana y se casó con ella cuando sólo tenía 14 años. Dada su historia personal, pues, es fácil ver que la falta de riqueza la ha puesto en situaciones precarias que, sin duda, han limitado su capacidad para establecer una vida feliz.

De este modo, Capote sugiere que la preocupación de Holly por la riqueza está ligada a su deseo de pertenecer a algo, e invita a los lectores a empatizar con quienes valoran el dinero y las posesiones materiales en lugar de juzgarlos por tener lo que podrían parecer valores superficiales. Es evidente que Holly quiere ser venerada por la élite de la ciudad de Nueva York, dado que con frecuencia recibe a hombres ricos, se compromete de todo corazón a perfeccionar sus modales y cultiva un personaje distante que atrae a la gente hacia ella. Sin embargo, ni la popularidad de Holly ni su condición de «chica de Nueva York» -como se refiere a ella un artículo de periódico- parecen tener una influencia duradera en su felicidad.

Esto se hace evidente cuando Holly le dice al narrador que muy pocas cosas en su vida la ayudan a desterrar lo que ella llama «los rojos mezquinos», un término que utiliza para hablar de un inquieto sentimiento de descontento y «angustia». Le dice al narrador que el alcohol no la hace sentir mejor, ni la marihuana, ni tampoco la aspirina. Lo único que le ayuda, dice, es ir a Tiffany’s.

«Me calma enseguida», dice, «la tranquilidad y el aspecto orgulloso». Vale la pena señalar que Holly se reconforta con el «aspecto orgulloso» de la costosa joyería, como si la elevada sensación de estatus tuviera una cualidad inherentemente calmante. Para Holly, la riqueza y la opulencia representan la satisfacción y la comodidad de las que carece su vida.